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Las acacias

Recomendada

Título Original:

Las acacias

País:

Argentina - España

Año:

2011

Género:

Drama

Duración:

1h25'

Calificación:

Todo público

Dirección:

Pablo Giorgelli

Resumen:

Rubén (Germán de Silva) transporta madera en su camión de Paraguay a Buenos Aires. Como favor a su jefe accede a llevar a la capital argentina a Jacinta (Hebe Duarte) y su hija de cinco meses. La obligada convivencia a lo largo del viaje (1500 kilómetros) detonará sentimientos en varias direcciones, redondeando un significativo cuadro humano. Premiada ópera prima del argentino Pablo Giorgelli.

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Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Una road movie austera, sensible y minimalista, apoyada en dos estupendas actuaciones de actores no profesionales o muy poco conocidos.

Haciendo camino al andar

Si hubiera que definir en pocas palabras el debut en el largometraje del argentino Pablo Giorgelli, bien podría hablarse de belleza y ternura en la simplicidad. Este road movie (que recuerda desde el argumento y las locaciones al cine de Carlos Sorín y Abbas Kiarostami, y en el estilo y en la importancia de los pequeños detalles al de la dupla uruguaya Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella) es una de esas películas que basa en la imagen su concepto fundamental, ya que las palabras emitidas son generalmente corolarios predecibles a lo que los ojos - y el corazón - ya percibieron.

La trama también se inscribe en esa sencillez. Al disponerse a emprender un habitual viaje transportando madera que lo llevará desde un pueblo paraguayo a Buenos Aires, un camionero - aceptando de mala gana un encargo de su jefe - compartirá ese periplo de 1500 kilómetros con una mujer paraguaya y su hija de 6 meses, que buscarán afincarse en la capital argentina.

La forma que Giorgelli eligió para contarnos la película - también es su coguionista junto a Salvador Roselli - traía consigo algunos riesgos muy importantes, ya que pocas veces las palabras austeridad y minimalismo están mejor aplicadas. Para tener una idea, estamos ante un filme que no tiene banda sonora, que cuenta con un elenco desconocido y que narra una historia que transcurre en un 80 por ciento en la cabina de un camión. La sensible meticulosidad en los detalles, la sorprendente madurez en el planteo, y la precisa claridad en relación a lo que se quiso apuntar, hacen que esos riesgos hayan sido sorteados sobradamente y que - al menos por esta vez - los importantes lauros que la película cosechó en diversos festivales aparezcan como merecidos.

A diferencia de lo que se estila en la mayoría de este tipo de filmes, el interés principal no está en los paisajes tanto físicos como humanos con que los protagonistas se encuentran a lo largo de la ruta, sino en sus propios procesos personales, que serán decisivos en el vínculo que se irá construyendo. En este aspecto, el ejemplo más claro se percibe en Rubén, el camionero. Su personaje, que al inicio de la historia revelara un carácter huraño y malhumorado, irá cambiando a medida que la relación con sus inesperadas acompañantes vaya afianzándose. La inicial introspección dará paso a una esforzada apertura que sacudirá su aparente dureza y que le hará enfrentarse a sus necesidades de afecto y companía. Sus gestos, sus miradas y el cambio de sus posturas físicas ante situaciones similares hablan de un proceso creíble y humano por excelencia, en el que no es para nada difícil inferir dolores pasados. Esas penas son seguramente responsables de que viva con temor y titubeos todo roce con lo afectivo y que no tenga que ver con su habitual recorrido por las carreteras.

La composición de un personaje tan rico e importante para la historia habla también de un gran actor llamado Germán De Silva, que además del talento demostrado brinda, desde su aspecto físico, las características apropiadas para su rol. Tampoco escapa a este concepto la actriz no profesional Hebe Duarte como Jacinta, y qué decir de toda la ternura que despierta la bebé Nayra Calle Mamani como Anahí. Descuento todo lo que se habrá trabajado para captar algunos deliciosos mohines que, por si fuera poco, tienen su importancia en la trama. Es de resaltar que todo esto se expresa sin subrayados que pequen de trascendentes y que en ningún momento se traspasa una línea que podía haber deparado en sensaciones edulcoradas.

En resumen, esta película es de una sensibilidad y ternura poco habitual. La escena final, por ejemplo. Allí se nos muestra a dos seres que ya se han dicho todo, salvo con la palabra. Son esos momentos en los que se enciende una llamita que, los que tienen la suerte de haber recibido su calor, saben de qué hablo.



Por Pablo Delucis para Cartelera.com.uy
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