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Tenemos que hablar de Kevin

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Título Original: We need to talk about Kevin
País: Reino Unido - Estados Unidos
Año: 2011
Género: Drama
Duración: 1h52'
Calificación: +15 años
Dirección: Lynne Ramsay
Protagonistas: Tilda Swinton - John C. Reilly
Elenco: Ezra Miller - Jasper Newell - Rock Duer - Ashley Gerasimovich

La ganadora del Oscar Tilda Swinton (Michael Clayton, Orlando) ofrece una de los mejores actuaciones de su carrera en el rol de Eva, la madre de un adolescente llamado Kevin (Ezra Miller) que ha cometido un acto tan brutal que resulta insoportable. La película se adentra en la experiencia vital de esa mujer a través de una serie de circunstancias cada vez más perturbadoras que no logra controlar, desde que Kevin es un niño pequeño hasta un desenlace terrible, mucho peor que cualquier pesadilla.

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Un drama psicológico tenso y abrumador, en algún punto quizás insoportable. Al final, nadie espera que se entienda por qué pasó lo que pasó, pero sí al menos que se tenga una aproximación a lo que es vivir con una pesadilla a cuestas.

El monstruito de mamá

La casualidad (o no) quiere que esta película se estrene a pocos días de uno de los hechos de la crónica policial más comentados y difundidos del año: el asesinato a sangre fría, durante un asalto, del empleado de un bar a manos de un adolescente de 17 años. Una de las preguntas más repetidas cuando algo de esto sucede es: ¿dónde están los padres de ese individuo? ¿Qué tipo de educación recibió? ¿Cómo es posible que una sociedad produzca criaturas tan peligrosas? Tenemos que hablar de Kevin no pretende responder esas ni otras preguntas; simplemente se interna en la compleja experiencia vital de una madre cuyo hijo adolescente ha cometido una masacre, y tiene que vivir no sólo con la tragedia y sus implicancias (incluyendo el rechazo social) sino con la responsabilidad de no haber podido evitar que su hijo se convirtiera en un asesino en masa.

La película es dura, inteligente, brutal. No es explícitamente violenta, pero sí grandemente perturbadora. Y en eso tiene mucho que ver la fragmentación narrativa que propone la directora Lynne Ramsay (Glasgow, Escocia, 1969), que va desgranando en cuentagotas la dimensión de la tragedia y uniendo las piezas, entre pasado y presente, de la experiencia materna de Eva. Trabajando sobre una novela de Lionel Shriver, Ramsay y su coguionista Rory Kinnear van delineando un drama psicológico tenso y abrumador, en algún punto quizás insoportable. Al final, nadie espera que se entienda por qué pasó lo que pasó, pero sí al menos que se tenga una aproximación a lo que es vivir con una pesadilla a cuestas.

Este chico Kevin no pintaba bien desde chiquito, es evidente que algo le pasa y se hace necesario hablar de ello. Pero por alguna razón que la película no profundiza, Eva (otra desgarradora actuación de Tilda Swinton) se encuentra atrapada entre la pasividad y la impotencia. Hay algo realmente perverso en Kevin, quizás hasta antinatural, que por momentos recuerda al anticristo de La profecía. Hace cosas terribles, y todas parecen destinadas a provocar a su madre (el padre, encarnado por John C. Reilly, es un personaje realmente secundario en todo esto). Pero también hay algo jodidamente mal en Eva, y todas sus reacciones no hacen más que contribuir al abismo que se genera entre madre e hijo, y entre éste y la cordura necesaria para seguir ciertas normas de convivencia. En este sentido la película quizás sea demasiado extrema, por momentos incluso inverosímil y hasta irritante. Pero así son a veces las relaciones entre madres e hijos...

La gran fortaleza está en el tratamiento audiovisual, en esa prolijidad perturbadora del pasado (casa hermosa, jardín impecable, familia "perfecta") que contrasta con la inestabilidad extrañamente liberadora del presente (pintura en la pared, restos de comida en la cocina, un Halloween de pesadilla). Y el rojo, ese rojo profundo que comienza con la Tomatina española (probablemente un recuerdo de juventud de la protagonista) y prosigue en pequeños y grandes detalles a lo largo de la película, anticipando el derrame de sangre que la directora, hábilmente, no muestra (no hace falta). Y una banda sonora plagada de canciones demasiado alegres para el tema en cuestión, que tiñen a todo el asunto de cierto dejo de ironía.

Tenemos que hablar de Kevin es un título que bien podría constituir un interesante díptico con Elefante (2003), aquella formidable reflexión cinematográfica de Gus Van Sant inspirada en la tragedia de Columbine y otras varias masacres cometidas por adolescentes en colegios de Estados Unidos. Mientras aquel antecedente se ubicaba en el universo adolescente, el filme de Ramsay bucea en la responsabilidad materna, en las señales que se emiten sin ser atendidas a tiempo, en la posibilidad de haber dado vida a un monstruo y no tener la menor idea de cómo convivir con eso. Si es que algo así es posible.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy
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