Cartelera

La cueva de los sueños olvidados

Recomendada
Formato:
Título Original: Cave of Forgotten Dreams
País: Alemania - Estados Unidos - Francia - Canadá - Reino Unido
Año: 2010
Género: Documental
Duración: 1h30'
Calificación: Todo público
Dirección: Werner Herzog
Protagonistas: Werner Herzog - Jean Clottes
Elenco: Julien Monney - Jean-Michel Geneste - Michel Philippe

Narrada en primera persona por su director Werner Herzog, esta película registra su incursión en la cueva de Chauvet-Pont-d’Arc (Francia), un tesoro del arte rupestre del Paleolítico cerrado durante 20.000 años a los ojos del hombre debido a una avalancha de rocas que preservó su pasado. Definida por Herzog como una auténtica cápsula del tiempo, la cueva fue abierta a un equipo mínimo de rodaje durante algunas horas, a lo largo de pocos días, tal vez una oportunidad única que difícilmente vuelva a repetirse.

En los siguientes canales
Enlace(s) relacionado(s)
Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Es indudable la capacidad del director por intentar, a través de la cámara, lo mismo que intentaron aquellos hombres y mujeres del Paleolítico unos 30.000 años atrás: comunicarse, expresar sentimientos y emociones, crear belleza.

Perpetuidad

Por más diversa y prolífica que pueda ser la filmografía del alemán Werner Herzog (Munich, 1942), hay una constante que se repite: el hombre, tratando de dominar las fuerzas y los obstáculos de la naturaleza. Sea el ambicioso Aguirre en busca de El Dorado (Aguirre, la ira de dios, 1972), el delirante Brian Fitzgerald intentando llevar la ópera al medio de la jungla (Fitzcarraldo, 1982), o el idealista Timothy Treadwell convencido de poder convivir con osos salvajes en los bosques de Alaska (Grizzly Man, 2005), gran parte de sus personajes (ficticios o reales) son soñadores - ingenuos o dementes - dispuestos a llevar sus sueños hasta las últimas consecuencias.

El propio Herzog es uno de esos hombres. Habiendo lidiado con Klaus Kinski (o "domesticado a la bestia salvaje", como él mismo ha dicho), uno de los actores más histriónicos e inestables del cine europeo, el director conoce de desafíos y situaciones extremas. No dudó en llevar su cámara hasta la Antártida (Encuentros en el fin del mundo, 2007) para registrar paisajes casi nunca capturados por el cine, así como no duda en entrevistar a un asesino condenado a muerte (Into the Abyss, 2011), quizás otra de sus maneras de explorar la intrincada y muchas veces incomprensible naturaleza humana.

La cueva de los sueños olvidados, aún con su aparente aspecto de documental educativo (en cierto modo lo es), se inscribe también dentro de esas mismas inquietudes, las de un creador que usa el cine (y su herramienta básica: la cámara) para entender, capturar y - si es posible - trascender la vida humana y el paso del tiempo. Herzog narra en primera persona (como ha hecho en varios de sus documentales) su propia fascinación ante el descubrimiento de lo que es, en este caso, uno de los tesoros artísticos más antiguos de la humanidad. Comparte esa fascinación con la de los científicos e investigadores que realizaron el descubrimiento en 1994, en el sur de Francia, y con los que han venido trabajando minuciosamente desde entonces para descifrar los misterios atrapados bajo una montaña de rocas y finalmente liberados, pero con acceso restringido a unos pocos.

Herzog, junto a su reducido equipo, ha sido uno de esos pocos privilegiados en adentrarse en la cueva de Chauvet, y la solemnidad con que describe cada uno de sus pasos y reflexiones da cuenta de la importancia que le otorga tanto a la oportunidad como a la trascendencia de los descubrimientos. Pero está claro que el interés de Herzog no se limita a una cuestión meramente arqueológica sino más bien antropológica, por momentos casi mística; el director observa, pregunta, se pregunta y reflexiona, y uno puede acompañar o no sus reflexiones y sus hipótesis, que no son otra cosa que un intento casi desesperado por entender y escuchar a esos antepasados que se manifiestan a través de esas maravillosas pinturas en las paredes rocosas de la caverna.

Lo que es indudable es la capacidad del director por intentar, a través de la cámara, lo mismo que intentaron aquellos hombres y mujeres del Paleolítico unos 30.000 años atrás: comunicarse, expresar sentimientos y emociones, crear belleza. Contempladas en silencio o acompañadas por música o por los latidos del corazón (¿de Herzog? ¿de los científicos? ¿de las almas encerradas en la caverna? ¿de nosotros mismos?), las paredes y los dibujos de Chauvet nos hablan, se mueven, respiran, un poco ayudados por la tecnología 3D que aporta dimensión espacial, profundidad y relieve a un sitio que la mayoría de nosotros nunca veremos con nuestros propios ojos.

Y así Herzog nos hace cómplices y testigos de un legado, de una serie de mensajes de antepasados nuestros que atraviesan los siglos y los milenios para decirnos quiénes eran y por qué. Cómo vivían, con qué soñaban, a qué le temían. Y de esa manera trascender el tiempo, su propio tiempo, y a sí mismos. Algo parecido a seguir vivos. A perpetuarse.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy
Comentarios
FILM/6325