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La invención de Hugo Cabret

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Formato:
Título Original: Hugo
País: Estados Unidos
Año: 2011
Género: Drama-Aventura
Duración: 2h06'
Calificación: Todo público
Dirección: Martin Scorsese
Protagonistas: Asa Butterfield - Ben Kingsley
Elenco: Chloë Grace Moretz - Sacha Baron Cohen - Ray Winstone - Jude Law

La invención de Hugo Cabret (primera película en 3D que rueda el director Martin Scorsese) nos cuenta la historia de un chico huérfano (Asa Butterfield) que vive una vida secreta entre las paredes de una estación de tren en el París de 1930. Con la ayuda de una excéntrica niña (Chloë Grace Moretz), buscará la respuesta al misterio relacionado con la pérdida de su padre (Jude Law), el propietario de una tienda de juguetes, y una cerradura aparentemente sin llave. Nominada a 11 premios Oscar.

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Martes 29 de Julio   |  17:40
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Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: La imaginación y la perfecta ejecución cinematográfica de Martin Scorsese y su equipo de maestros colaboradores son la llave y la puerta de entrada a este cálido homenaje al arte cinematográfico.

La máquina de los sueños

En estos tiempos inciertos, donde a veces parecería que no muchas cosas tienen sentido (y eso incluye la cada vez más ridícula oferta cinematográfica), encontrarse con una película como Hugo es algo así como un milagro. Y tiene mucho, muchísimo sentido que este gran homenaje a Georges Méliès, el padre de la fantasía cinematográfica, esté en manos de Martin Scorsese, uno de los grandes cineastas vivos.

Uno quisiera ser niño otra vez para ir al cine sin tener mucha idea de nada y terminar viendo algo como Hugo, que es un sorprendente viaje en el tiempo y en el espacio, tanto físico como emocional, hasta los orígenes del cine mismo. La primera película en 3D que filma Scorsese - y la primera que hace apta para toda la familia - es una aventura ambientada en el París de los años 30 que tiene a Méliès como personaje clave. Está claro que no es la típica película familiar de Hollywood que suele verse a través de esos horrendos lentes; un crítico de cine dijo que se trata de "la primera superproducción de autor" de la historia del cine (costó 170 millones de dólares). Ciertamente se trata del juguete más caro que haya tenido entre manos un cinéfilo como Scorsese, quien además de haber dirigido algunas de las mejores películas de los últimos 40 años es un tenaz luchador por la conservación del patrimonio fílmico de la humanidad a través de su Film Foundation.

No hace falta saber quién fue Georges Méliès para disfrutar de una película como Hugo. Está todo allí, fascinantemente explicado en palabras y en imágenes: ese viejo derrotado, postrado en una tienda de juguetes en la estación de Montparnasse, esconde un pasado olvidado (incluso por él mismo): el de mago e ilusionista convertido (cómo no) en cineasta pionero y arriesgado, en inventor del cine como esa máquina de sueños donde todo es posible, y en padre fundador de todo lo que hoy se conoce como efectos especiales. Méliès fue incluso precursor de tecnologías indispensables en el cine de hoy, como el chroma key (o "pantalla azul"), mediante la experimentación con la exposición múltiple del negativo (doble sobreimpresión). Y hasta cierto punto ni siquiera el 3D con que vemos hoy Hugo (algo plenamente recomendable) existiría sin aquellos primeros y rústicos experimentos visuales de Méliès.

Su relación con Hugo Cabret, el niño huérfano que habita entre las paredes y mecanismos de relojería de la estación de trenes (reminiscencias de ese otro huérfano literario y cinematográfico que debía penetrar la pared de otra estación para llegar a la escuela de magia y hechicería) es el disparador de una aventura magníficamente ideada por el escritor Brian Selznick, y hábilmente adaptada a la pantalla por el guionista John Logan (Gladiador, El aviador, Rango). Una aventura que, mientras apela a algunos elementos clásicos de la literatura infantil y juvenil (inspirados en Dickens), incorpora varios elementos que la distinguen claramente del resto. Son estos aspectos, que la hacen sumamente atractiva para cierta parte del público, los mismos que probablemente alejen o mantengan indiferentes a espectadores de cualquier edad que esperen acción trepidante y sin pausa y efectos 3D de esos que arrojan elementos desde la pantalla. La propuesta de Scorsese no pasa por ahí, y tiene casi siempre un efecto poético y emocional que la ubica en la misma categoría de Avatar (2009) o el documental Pina (2011); es decir, el de una función narrativa del 3D que convierte casi indispensable su visionado en ese formato.

Hay una inocencia en la propuesta, un estilo de actuación mesurado y hasta demodé que cuadra perfectamente con una historia que tiene que ver con otra época, otro tiempo y otro imaginario. Algunos de los personajes secundarios remiten a actores del cine mudo (como el inspector Sacha Baron Cohen, la vendedora de flores Emily Mortimer, o la pareja de ancianos que interpretan Richard Griffiths y Frances de la Tour). Hugo e Isabelle (los luminosos Asa Butterfield y Chloë Grace Moretz) no se comportan ni hablan como los niños que solemos ver en el cine; ella lee libros compulsivamente y él recuerda las tardes en el cine con su padre, mirando películas mudas de Charles Chaplin, Harold Lloyd y Buster Keaton. Para un público infantil y juvenil de hoy, no debe ser cosa fácil conectar con ese tipo de referencias... A no ser que se trate de un público ávido por la imaginación y la magia, dispuesto a sorprenderse y a dejarse llevar por otros territorios hasta ahora no explorados, como ese autómata que ha esperado dormido y encerrado demasiado tiempo.

La imaginación y la perfecta ejecución cinematográfica de Scorsese y su equipo de maestros colaboradores (empezando por el diseñador de producción Dante Ferretti, su director de fotografía Robert Richardson y su inseparable montajista Thelma Schoonmaker) son la llave y la puerta de entrada a este cálido homenaje al arte cinematográfico. Que es además una tierna historia sobre descubrimiento, maduración, amistad, segundas oportunidades, sueños que cobran vida, y todas esas cosas que nos pasan - muy de tanto en tanto - cuando nos refugiamos en una sala de cine.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy
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