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Anónimo

Recomendada
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Título Original: Anonymous
País: Reino Unido - Alemania
Año: 2011
Género: Drama histórico
Duración: 2h10'
Calificación: Todo público
Dirección: Roland Emmerich
Protagonistas: Rhys Ifans - Vanessa Redgrave
Elenco: Joely Richardson - David Thewlis - Xavier Samuel - Sebastian Armesto

El director Roland Emmerich (Día de la Independencia, 2012) cambia el cine catástrofe por la conspiración política para sumarse a la especulación sobre una interrogante que ha intrigado durante siglos a académicos y literatos: ¿escribió realmente William Shakespeare el conjunto de obras que se le atribuyen? Anónimo plantea una posible respuesta en el seno de un complot político contra la reina Isabel I (Vanessa Redgrave) y en el terreno más improbable: el teatro de Londres.

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Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Es saludable que el director Roland Emmerich haya decidido cambiar de género; Anónimo es lo más interesante que haya hecho en toda su carrera... lo cual, pensándolo bien, no es un gran mérito.

Tras bambalinas

Quienes hayan quedado encantados con el retrato del célebre poeta que hizo Shakespeare apasionado (1998), considérense advertidos: aquí no encontrarán a un Will Shakespeare seductor, inteligente y vivaz, sino a uno mediocre, inescrupuloso y chantajista. Un tipo desagradable, realmente. Los agujeros en la historia tienen eso: permiten que los rellenen historiadores, escritores o - como en este caso - guionistas con invenciones y elucubraciones posibles pero no comprobables, por lo menos hasta ahora.

La historia oficial de la literatura universal dice que William Shakespeare (1564-1616) es uno de los grandes dramaturgos de todos los tiempos, autor de clásicos como Enrique V, Sueño de una noche de verano, Romeo y Julieta, Otelo y Hamlet. Sus piezas siguen siendo las más representadas en el mundo entero, y numerosas veces llevadas al cine. Pero lo cierto es que nunca pudo encontrarse ni un solo manuscrito de alguna de las 38 obras teatrales cuya autoría (o participación en ella) se le atribuye. Esto, sumado a la fascinación por las teorías conspirativas de muchos académicos e investigadores, ha sembrado la duda desde muy temprano sobre su autoría. Se afirma que Shakespeare no contaba con la suficiente formación como para haber escrito las obras y los poemas que llevan su firma, y que Shakespeare, un actor nacido en Stratford-upon-Avon, era en realidad el testaferro de otro autor que deseaba permanecer en el anonimato.

Algunos nombres que se han manejado como posibles autores de las obras que se le atribuyen a Shakespeare son los de Christopher Marlowe (muerto tras una discusión en una taberna en 1593), Sir Francis Bacon (1561-1626) y Edward de Vere, decimoséptimo conde de Oxford, cortesano, mecenas y figura clave de la época isabelina. Es esta última hipótesis, bastante firme desde hace algunas décadas, la que adopta el guión de John Orloff (Band of Brothers, Todo corazón, La leyenda de los guardianes).

El asunto sirve de excusa para explorar dos ambientes realmente fascinantes e interconectados: el teatro isabelino, de donde Shakespeare surgió ya sea como dramaturgo célebre o como actor de cuarta y oportunista (según esta versión); y la corte de Isabel I, probablemente uno de los períodos de la historia británica más complejos y atractivos (como lo demuestran la montaña de libros y la cantidad de películas que se han hecho al respecto). El tratamiento de ambos es más bien superficial, como no podía ser de otra manera; si uno pretende que una sola película arroje abundante luz sobre dos temas a los que se les han dedicado decenas de libros, no va bien rumbeado. Pero al menos hay dos o tres cosas básicas que pueden servir para estimular al espectador y que además permiten entender de qué va todo este asunto de la teoría conspirativa: el teatro isabelino era visto por la nobleza como un sitio para el "vulgar entretenimiento" de la plebe, al tiempo que sobre ésta ejercía una influencia considerable; y la corte era un nido de víboras y comadrejas tejiendo desde las sombras una manera eficaz de destronar a la reina. En ese contexto, no es del todo descabellado pensar que a alguien inteligente y fiel como De Vere se le haya ocurrido utilizar el medio teatral como arma política.

Pero más allá de teorías autorales y laberintos de poder, Anónimo es ante todo un entretenimiento. Y no vulgar, sino atendible. Así lo demuestra la presencia detrás de cámaras del director Roland Emmerich, un especialista en cine fantástico y de catástrofe (Día de la independencia, El día después de mañana) al que después de 2012 ya no le quedaba nada por reventar. Es saludable que haya decidido cambiar de género, y sin llegar al extremo de considerarla una gran película (que no lo es), sí hay que decir que Anónimo es lo más interesante que el alemán haya hecho en toda su carrera... lo cual, pensándolo bien, no es un gran mérito. El mérito mayor es probablemente del guionista Orloff y del notable equipo creativo, empezando por el diseñador de producción Sebastian Krawinkel. Hay un minucioso trabajo de reconstrucción que incluye al maquillaje, aún en detalles tan imperceptibles como la dentadura de la reina.

El elenco también es muy bueno en su conjunto, pero si hubiera que destacar me quedo con el sufrido Ben Jonson que hace Sebastian Armesto, un actor británico que ya ha paseado su figura por escenarios reales como los de La Reina Virgen (2006), María Antonieta (2006) y Los Tudor (2007); y la increíble Vanessa Redgrave, que hace con gran autoridad una Isabel acechada por demonios internos y externos, siempre al borde de la demencia. El director acertó también en elegir a su hija Joely Richardson en el papel de la joven Isabel.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy
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