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El gato desaparece

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Título Original: El gato desaparece
País: Argentina
Año: 2011
Género: Suspenso
Duración: 1h30'
Calificación: +12 años
Dirección: Carlos Sorín
Protagonistas: Luis Luque - Beatriz Spelzini
Elenco: María Abadi - Norma Argentina - Hugo Sigman

El director de Historias mínimas y El camino de San Diego, Carlos Sorín, se la juega esta vez por el suspenso. Beatriz (Beatriz Spelzini) va a buscar a Luis (Luis Luque), su marido, a la clínica neuropsiquiátrica donde ha estado internado durante los últimos meses a raíz de un brote psicótico inesperado y violento. Beatriz tiene sentimientos encontrados: por un lado la alegría de recuperar a quien ha sido su pareja durante 25 años y, por el otro, la inquietud que le provoca saber si Luis es realmente el mismo.

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Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Un interesante ejercicio de suspenso con cierta influencia del maestro Hitchcock, por más que el director Carlos Sorín no se lo tome demasiado en serio. Buenas labores protagónicas de Luis Luque y Beatriz Spelzini.

Gato encerrado

Lo primero que llama la atención de esta película argentina es el notorio cambio de tono de su director Carlos Sorín (Buenos Aires, 1944). Tras varias realizaciones de tono más bien costumbrista, amable y minimalista (Historias mínimas, El perro, El camino de San Diego, La ventana), aquí se vuelca sin vacilaciones hacia el cine de género, más específicamente hacia el suspenso.

Pero El gato desaparece no es una de esas películas donde el suspenso se basa en la clásica interrogante de "quién es el asesino"; a Sorín le atrae mucho más jugar con la generación de un clima inquietante, y con la acumulación de tensión y cierta extrañeza que tiene mucho que ver con el estado de los personajes protagónicos: por un lado Luis, investigador académico y docente que acaba de salir de un período de internación psiquiátrica ordenada por un juez tras un episodio violento; y por el otro Beatriz, su esposa, en quien conviven la alegría de verlo de nuevo en casa y la preocupación por un posible rebrote de aquel estado sicótico que derivó en violencia. En la minuciosa descripción de sus rutinas, y de ese tenso retorno a la convivencia, no faltan ciertas notas de humor muy sutil que están entre lo más logrado de este ejercicio de cinefilia.

Hay una clara influencia del cine clásico del género, particularmente el del maestro Alfred Hitchcock, empezando por esa primera escena estática y dialogada de manera muy técnica, casi artificial, que recuerda un poco al final de Psicosis, en que un psiquiatra explicaba (a la policía y al espectador) el comportamiento patológico de Norman Bates. Y siguiendo por todo el juego de recursos visuales y sonoros que el director maneja muy bien, sin abusar de ellos: los fundidos a negro, las sombras en las paredes, alguien que sube o baja sigilosamente una escalera, lo que se puede estar ocultando detrás de una puerta cerrada o en el ducto de ventilación... Para no hablar de ese gato negro cuya desaparición es tan solo el MacGuffin* de esta historia.

Lo que sigue llamando la atención es la insistencia de Sorín en emplear actores no profesionales, en este caso por suerte sólo en roles secundarios muy episódicos pero que motivan frecuentemente la risa del espectador. Pero al mismo tiempo hay algo en esas no-actuaciones (algunas directamente ridículas, como la de Hugo Sigman en el rol de psiquiatra) que aportan a ese clima de extrañeza que campea a lo largo de la película. Como si el director no terminara de tomarse demasiado en serio todo el asunto e invitara al espectador a hacer lo mismo (es posible que parte de la broma sea que los nombres de pila de la pareja protagónica sean los de sus propios intérpretes).

El problema de esto es que El gato desaparece termina por no ser el riguroso ejercicio de suspenso que podría haber sido, pero tampoco es que uno la pase mal durante esa hora y media. Hay suficiente placer cinéfilo (y dos buenas actuaciones de Luis Luque y Beatriz Spelzini) como para salir (modestamente) satisfecho.

* MacGuffin es una expresión acuñada por Alfred Hitchcock y que designa a una excusa argumental (o elemento de suspenso) que motiva a los personajes y al desarrollo de una historia, pero que en realidad carece de relevancia por sí misma.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy
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