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La piel que habito

Recomendada
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Título Original: La piel que habito
País: España
Año: 2011
Género: Drama-Thriller
Duración: 1h57'
Calificación: +18 años
Dirección: Pedro Almodóvar
Protagonistas: Antonio Banderas - Elena Anaya
Elenco: Marisa Paredes - Jan Cornet - Roberto Álamo - Eduard Fernández

Lo nuevo de Almodóvar es una adaptación de la novela Tarántula, de Thierry Jonquet. Desde que su mujer murió quemada en un accidente, el Dr. Ledgard (Antonio Banderas), eminente cirujano plástico, se interesa por la creación de una nueva piel con la que hubiera podido salvarla. Doce años después consigue cultivarla en su laboratorio, aprovechando los avances de la terapia celular. Para ello no dudará en traspasar una puerta hasta ahora terminantemente vedada: la transgénesis con seres humanos. Pero ese no será el único crimen que cometerá...

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Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Gran parte de la película se pasa entre la incredulidad, la indiferencia y el ridículo, pero Almodóvar es ante todo Almodóvar, con todos sus excesos, sus delirios y también sus aspectos originales (que siempre los tiene, aunque la dosis se achique).

La piel del deseo

"Hay procesos irreversibles, caminos sin retorno, viajes sólo de ida", dice Pedro Almodóvar en las notas de dirección de su más reciente película. Y uno teme que esas palabras estén hablando un poco también de la dirección que ha tomado su obra, sobre todo a partir de Los Abrazos Rotos. Personajes fríos, mundos artificiales, ambientes donde confluyen o bien el diseño de lujo o la alta tecnología (en el caso de La piel que habito, los dos) y tramas rebuscadamente melodramáticas narradas con cierta complejidad narrativa que le depara al espectador no pocas sorpresas o revelaciones.

Podrá decirse que ese es el cine de Almodóvar, que qué espera uno cuando va a ver lo nuevo del director, y podría dar varias razones para demostrar que Almodóvar no siempre fue el mismo. Y cada una de esas razones tiene un título, el de varias de sus películas desde Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980) hasta Volver (2006), donde Almodóvar se reencontraba con La Mancha y con Carmen Maura y uno se reencontraba con el mejor Almodóvar. Porque el manchego solía crear personajes que nos importaban. Solía tener (o emplear) más sentido del humor y, aunque la historia fuera trágica, uno la pasaba bien y hasta de vez en cuando se emocionaba (tal vez el mejor ejemplo de todo eso sea su oscarizada Todo sobre mi madre, de 1999).

En La piel que habito difícilmente haya algún personaje que a uno le importe, que tenga cierta dimensión humana que permita conectar con su obsesión, con su dolor, o con su calvario. Ni el cirujano plástico de laboratorio que compone Antonio Banderas (en su primera colaboración con Almodóvar desde ¡Átame!, en 1990), una suerte de Dr. Frankenstein epidérmico; ni la hermosa reclusa (Elena Anaya) retenida en una prisión de lujo entre ejercicios de yoga y cámaras de vigilancia; ni la ama de llaves/carcelera/madre/cuidadora que hace con el aplomo y la autoridad de siempre Marisa Paredes; ni ese personaje bisagra que es Vicente (Jan Cornet), que demoramos en conocer, no nos cae del todo bien, y para colmo cuando entendemos su rol en la historia quizás sea demasiado tarde...

Hasta la mitad de la película uno se debate entre la incredulidad, la indiferencia y el ridículo (¿un chico malo disfrazado de tigre con cola y todo, en serio?), tratando de descifrar de qué viene todo esto. Pero entonces sucede algo que nos lleva a redimensionar todo lo que habíamos visto hasta ese momento (no a la manera de una vuelta de tuerca tipo Sexto sentido, pero sí de El juego de las lágrimas, por ejemplo). Y a partir de ese momento nos despabilamos un poco y seguimos la película con mucho más interés, sobre todo porque entendemos que se trata de una obsesión macabra llevada al límite (gran tema en la filmografía almodovariana, las obsesiones) y de la ejecución de un frío y calculado plan de venganza y de una fuga minuciosamente preparada (casi casi como la de Tim Robbins en Sueño de libertad, pero sin esa empatía con los personajes).

Si no fuera por la fría y colorida belleza con que filma el director de fotografía José Luis Alcaine, por momentos creeríamos estar ante un ejercicio de terror clase B de la Hammer, con científico loco, laboratorio, ayudante misteriosa y todo el combo. Allí es donde se cuela la notoria cinefilia de Almodóvar, quien cita entre sus referentes a maestros como Luis Buñuel, Alfred Hitchcock, Fritz Lang, Darío Argento, Mario Bava, Georges Franju... Explícitas o no, sus fuentes están allí en pequeñas o grandes dosis. Pero Almodóvar es ante todo Almodóvar, haga lo que haga y se inspire en quien se inspire. Y si bien en este caso adapta la novela Tarántula, del francés Thierry Jonquet, el resultado es - como lo anuncian sus ya clásicos títulos de crédito - "un film de Almodóvar", con todos sus excesos, sus delirios y sus aspectos originales (que siempre los tiene, aunque la dosis se achique).

Como casi todo director estrella, a Almodóvar le basta hacer una película, la que sea y como sea, para generar toda una maquinaria de promoción y distribución internacional, entrar en la sección oficial de Cannes y ser tan polémico y taquillero como siempre (al menos desde Mujeres al borde... en adelante). Gustará más o menos, pero casi nadie duda que sea un estupendo cineasta y un gran director de actores. Se puede afirmar entonces que, desde un punto de vista creativo, en lo único que tiene que esforzarse es en crear sus historias, en moldear a sus personajes, en convencernos y cautivarnos con sus circunstancias, sus deseos y sus obsesiones. El resto es cuestión de marketing, y también de piel, porque hay quienes aceptan lo que les venda, sea lo que sea, y no hay nada de malo en eso. Pero siempre habremos quienes esperamos más de él, sobre todo porque sabemos que de tanto en tanto el mejor Almodóvar reaparece.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy
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