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Copia certificada

Recomendada
Formato:
Título Original: Copie conforme
País: Francia - Italia - Bélgica
Año: 2010
Género: Drama-Romance
Duración: 1h46'
Calificación: Todo público
Dirección: Abbas Kiarostami
Protagonistas: Juliette Binoche - William Shimell
Elenco: Jean-Claude Carrière - Agathe Natanson - Gianna Giachetti

Juliette Binoche ganó el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes por esta película, la primera que el director Abbas Kiarostami (El sabor de la cereza) realiza fuera de su Irán natal. Binoche interpreta a una galerista en un pueblito de la toscana, en Italia, donde asiste a una conferencia a cargo de un reconocido autor británico (el cantante de ópera William Shimell, en su debut como actor de cine). Cuando ella lo invita a dar un paseo por la campiña ambos son confundidos como marido y mujer, algo que por alguna razón no se molestan en corregir…

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Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Tal vez intentar buscar respuestas a tantas preguntas sea no sólo una pérdida de tiempo (como tal vez lo sea, para muchos, Copia certificada) sino contradecir el discurso sin ataduras que nos propone el director, lleno de interrogantes que no pretenden ser respondidas.

Antes del atardecer

"El cine empieza con D.W. Griffith y termina con Abbas Kiarostami".
Jean-Luc Godard

Que uno de los padres de la Nouvelle Vague francesa - el movimiento de fines de los '50 que revolucionó el arte de la narración cinematográfica, rompiendo con las reglas establecidas - defina de manera tan tajante la historia del cine, debería dar alguna pista sobre qué se puede esperar ante una película de Abbas Kiarostami.

El espectador uruguayo no es ajeno a la obra de este director, el más reconocido del cine iraní a nivel mundial. Sus películas más notorias han sido exhibidas por Cinemateca Uruguaya en ciclos, retrospectivas y festivales: ¿Dónde está la casa de mi amigo? (1987), Primer plano (1990), Y la vida continúa (1991), A través de los olivos (1994), El sabor de las cerezas (1997), El viento nos llevará (1999), Diez (2002), Cinco (2003), entre decenas de cortos y documentales que ha filmado desde 1970, son películas cuando menos experimentales, no convencionales, muchas de gran impronta neorrealista, a veces exasperantes. Algunas incluso pueden ser definidas como películas de tesis, verdaderos tratados sobre el arte cinematográfico como forma de representar una realidad, ya sea posible o inventada. De mucho de esto se nutre su última película, la primera que filma fuera de su Irán natal y con dos estrellas internacionales.

Quizás por eso Copia certificada pueda resultar tan desconcertante e incluso irritante - finalmente insatisfactoria y frustrante - para un público no acostumbrado a un cine que desafía la comodidad del espectador. Un cine que exige ver un poco más allá de lo obvio, de lo convencional, de lo que cabe esperar de una película (sea francesa, iraní o uruguaya). En otras palabras, un cine que no se limita a contar una historia tal y como suele contarse en el cine que habitualmente vemos; un cine que se propone más como juego, como guiño, como fábula. Hay dos definiciones de esta palabra que vienen al pelo: "relación falsa, mentirosa, de pura invención, carente de todo fundamento" y "ficción artificiosa con que se encubre o disimula una verdad". Ambas sirven como buenas definiciones de lo que es el cine, ¿o no? Y más en manos de un fabulador y un poeta como Abbas Kiarostami.

¿Y de qué va, entonces, Copia certificada? Una primera lectura, la más evidente, podría ser que es una reflexión sobre la creación artística, el amor y la vida, sobre el valor que le otorgamos a las cosas, a las obras de arte, al tiempo y a las personas con las que nos relacionamos. Una suerte de tesis, en clave de extraña historia de amor (a la manera de Antes del amanecer y Antes del atardecer, el díptico de Richard Linklater sobre una parejita que se conocía en Viena y se reencontraba diez años después en París), sobre qué puede tener más valor para nosotros, si el original o la copia, o sobre si una imitación fidedigna (de una obra de arte, de una relación afectiva) puede ser más significativa y más duradera que el modelo original.

Una segunda lectura posible, y quizás más desafiante, sea entender la película como un juego de ficción dentro de la ficción (una constante en la obra del director, y en buena parte del cine iraní, como se ve también en su colega Mohsen Makhmalbaf) en el que el juego se disimula y, en lugar de hacerlo evidente, se nos propone aceptar una ruptura con la "lógica" narrativa de la película (eso que suele llamarse "representación de la realidad", algo falso en el cine desde el vamos). Dar por sentado que lo que estamos viendo es evidentemente lo que estamos viendo puede ser, en este caso, una trampa. Quizás el vínculo inicial de admiración y algo de seducción que se establece entre el escritor e historiador del arte y la galerista francesa sea un preámbulo, una suerte de introducción o primera parte de una historia de amor que quizás derivó - o podría derivar - en el matrimonio desgastado al que "juegan" más avanzada la tarde, después de que una cantinera los confunde con marido y mujer.

¿Juegan realmente hasta que el juego se torna irreversible, como a veces pasa con las relaciones afectivas? ¿O efectivamente son marido y mujer, o ex amantes, que se reencuentran luego de un período indeterminado de separación, con varias cosas que reprocharse (como en Anónimo Veneciano)? Las posibilidades son variadas e intercambiables; cuando creemos haber hallado una explicación, algo sucede que nos hace dudar y dar marcha atrás en nuestras convicciones. En un momento, Kiarostami -que suele trabajar sin un guión demasiado elaborado - hace intervenir nada menos que a Jean-Claude Carrière (célebre guionista colaborador de aquel gran fabulador que era Luis Buñuel) para indicarle al protagonista masculino cómo tiene que actuar a continuación, qué espera ella que él haga. Como un guionista hace de hecho con sus personajes, o un director con sus actores.

Llegamos a pensar que Kiarostami está jugando con nosotros, con nuestra paciencia, que está violando nuestro pacto sagrado de complicidad con sus personajes, con su relato, con su linealidad narrativa. Podemos putearlo, o pensar que perdió el rumbo, o que nos está tomando el pelo. O que, más allá de si él y ella son o no marido y mujer (a mi, al final, no me importa), tiene dos o tres cosas para decir sobre el amor, el paso del tiempo y los momentos que vamos creando; a veces en serio, a veces jugando, casi siempre sin tener idea de hacia dónde vamos. A veces eso puede pasarle a un cineasta, y el resultado no tiene que ser necesariamente una mala película sino, por el contrario, una película estimulante.

Tal vez intentar buscar respuestas a tantas preguntas sea no sólo una pérdida de tiempo (como tal vez lo sea, para muchos, Copia certificada) sino contradecir el discurso sin ataduras que nos propone el director, lleno de interrogantes que no pretenden ser respondidas.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy
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