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Líbano

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Título Original: Lebanon
País: Israel-Francia-Líbano-Alemania
Año: 2009
Género: Drama bélico
Duración: 1h33'
Calificación: +15 años
Dirección: Samuel Maoz
Protagonistas: Yoav Donat - Reymond Amsalem
Elenco: Ashraf Barhom - Oshri Cohen - Guy Kapulnik - Michael Moshonov

Ganadora del León de Oro a la mejor película en el Festival de Venecia, Líbano es una película bélica ambientada en un reducido escenario: el interior de un tanque israelí durante la primera guerra del Líbano, en 1982. Sus cuatro jóvenes ocupantes deben ingresar en un pueblo hostil que ya ha sido bombardeado por la Fuerza Aérea Israelí. Lo que parece ser una simple misión gradualmente se va descontrolando y se transforma en una trampa mortal. Su instinto básico de supervivencia los lleva a límites insospechados, intentando desesperadamente no perder su humanidad en el caos de la guerra.

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Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Una aproximación a la traumática crueldad de un conflicto bélico narrada exclusivamente desde el interior de un tanque de guerra. La experiencia es tensa, agobiante y angustiante, casi como la guerra misma.

La guerra a través de la mira

En 1982, a la edad de 20 años, Samuel Maoz era un soldado israelí encargado de disparar desde el interior de uno de los primeros tanques que entraron en territorio del Líbano al comienzo de la invasión a ese país. Después de la guerra, se entrenó como camarógrafo y se convirtió en realizador, cambiando la mira del tanque de guerra por el visor de la cámara de cine. Quizás se trató del comienzo de un largo proceso de sanación personal que tuvo como probable punto culminante la realización de Líbano, una película autobiográfica que le valió el León de Oro en el Festival de Venecia de 2009.

Seguramente el jurado del festival, que incluía al director Ang Lee (Secreto en la montaña), valoró su claro mensaje antibélico y también la proeza que implicaba narrar la acción bélica exclusivamente desde el interior de un tanque de guerra. La idea no era un mero artificio cinematográfico ni un capricho; probablemente sea así como Maoz recuerda su paso traumático por aquella primera guerra del Líbano: a través de una mira. Del mismo modo, su compatriota Ari Folman necesitó hacer una película animada (la notable Vals con Bashir) para recomponer su ausencia de recuerdos sobre la misma experiencia. En ambos casos puede entenderse que la motivación principal para ambos directores - y ex combatientes - haya sido la necesidad de exorcizar sus propios fantasmas, de hacer las paces con su propio pasado. Si es que algo así es posible cuando se ha sido parte y testigo de tantos horrores...

Quizás no sea casualidad que dos de las películas bélicas más originales y removedoras de los últimos años provengan de Israel, un país con una cultura bélica totalmente asimilada e incorporada a su ritmo de vida. Un país que vive en alerta ante el temor permanente de ser atacado, y que ejerce el belicismo como práctica cotidiana (desde el férreo control militar de la vida dentro de los territorios palestinos ocupados, hasta las brutales y esporádicas operaciones como la segunda guerra del Líbano en 2006 o la invasión y ataque a la Franja de Gaza a fines de 2008 y comienzos de 2009). Y quizás por todo esto, en un país que necesita renovar permanentemente sus cuerpos militares, películas como estas no caigan demasiado bien porque, claro, no solo presentan a la guerra como el horror que es sino a jóvenes combatientes israelíes como seres humanos sensibles, que dudan sobre su accionar y piensan dos veces antes de apretar el gatillo.

El cuadro humano de Líbano - la película - se reduce a los cuatro jóvenes ocupantes del tanque en cuestión. Y, entre ellos, se presentan las dinámicas y conflictos propios que se pueden dar entre camaradas sometidos a una gran presión, a una gran responsabilidad, y al miedo más grande de todos: la posibilidad de perder la vida en cualquier momento. En esa dinámica tienen lugar desde fugaces rivalidades y duelos de egos hasta experiencias juveniles compartidas en un raro momento de tranquilidad. Y lo llamativo es cómo ese aparente refugio de hierro, impenetrable desde el exterior en que se juega la batalla, de a poco se va convirtiendo en un territorio sucio, maloliente y asfixiante. En determinado momento, incluso, el tanque empieza a exudar un líquido viscoso que podría ser sudor, aceite o sangre (o una mezcla de todo eso), casi como si se tratara de un ser vivo herido de muerte.

No parecía fácil contar la experiencia de la guerra desde el claustrofóbico interior de un tanque de guerra, y Maoz - a la altura de su primera película - lo logra en base a un hábil empleo visual de ese espacio reducido, a un trabajado y trabajoso diseño de sonido, y sobre todo a la convicción que irradian sus jóvenes actores, en particular Yoav Donat, cuyo personaje está claramente inspirado en el propio director (así como el de Charlie Sheen en Pelotón se inspiraba en el joven Oliver Stone que había vuelto de Vietnam desencantado). Es a través de su mira que nos aproximamos a la cruel, descarnada y a veces gráfica violencia de la guerra y la destrucción que conlleva. Y la experiencia, aún desde la comodidad de una butaca de cine, no es para nada agradable. No hace falta imaginar cómo debe sentirse en realidad...


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy
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