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Si la cosa funciona

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Título Original: Whatever works
País: Estados Unidos - Francia
Año: 2009
Género: Comedia
Duración: 1h32'
Calificación: Todo público
Dirección: Woody Allen
Protagonistas: Larry David - Evan Rachel Wood
Elenco: Patricia Clarkson - Henry Cavill - Ed Begley Jr.

Si la cosa funciona marca el regreso de Woody Allen a su amada Nueva York luego de su exitosa experiencia en Europa con Match Point (2005) y Vicky Cristina Barcelona (2008). Larry David (creador de las series Seinfeld y Curb Your Enthusiasm) encarna al álter ego del director, Boris Yellnikoff, un misántropo malhumorado que por casualidad conoce a una joven sureña y sumamente ingenua (Evan Rachel Wood), recién llegada a la ciudad, con la que comenzará una relación insólita.

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Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Whatever works está llena de momentos geniales y divertidos, pero también de cierta humanidad en sus personajes que suele ser disfrazada de sarcasmo. Un verdadero show de Larry David, gentileza de Woody Allen.

Si la vida fuera así...

Cuando Woody Allen no quiere (o no puede, por razones de edad) interpretar al protagonista masculino de algunas de sus películas que claramente está inspirado en su persona - que es, digamos, su álter ego - suele convocar a otro actor que hace, básicamente, de Woody Allen. Lo hizo con John Cusack en Disparos sobre Broadway (1994), con Kenneth Branagh en Celebrity (1998), y lo volvió a hacer en Whatever works, película de 2009 que demoró su estreno en Uruguay al punto de que Conocerás al hombre de tus sueños, que es posterior, se estrenó antes.

Pero esta vez Allen tuvo uno de los mejores aciertos de casting de su carrera al convocar a ese gran comediante que es Larry David, creador de una de las mejores sitcoms en la historia de la televisión (Seinfeld) y de una estupenda serie cómica de HBO (Curb your enthusiasm) que es casi como un (ficticio) diario personal en el que Larry David hace de Larry David. Si hay otro neoyorquino veterano, neurótico e inteligente aparte de Allen es precisamente David, quien además posee una verborragia viperina prácticamente incontenible que dispara sus dardos venenosos contra casi todo aquel que se cruce en su camino (a diferencia de Allen, que es ante todo un tipo simpático que se ríe básicamente de sí mismo).

El personaje de Boris Yellnikoff parece concebido desde su génesis para David, quien hace básicamente el mismo personaje de Curb your enthusiasm (o sea, de sí mismo) pero con algunas diferencias: Boris no vive en Los Ángeles sino en Nueva York, no se dedica al mundo del entretenimiento sino que es un profesor de física retirado que afirma haber sido un eterno (e ignorado) candidato al Premio Nóbel en su área, y ya no está casado (intentó terminar con su matrimonio y con su vida saltando desde una ventana, y como resultado ahora vive solo en un desordenado apartamento de Brooklyn y cojea). Boris sobrevive dando clases de ajedrez a niños a los que maltrata sin compasión. Y tal vez harto de su propia soledad (hasta sus pocos amigos están un poco cansados de escuchar sus constantes dislates) acepta cobijar en su apartamento a una joven sureña, linda y de pocas luces, a la que conoce por casualidad cuando ella acaba de llegar a la gran ciudad huyendo del agobio de sus padres católicos y conservadores.

Lo que sigue es una de las historias de amor más improbables e impredecibles en la filmografía de Allen, que está llena de historias de amor improbables e impredecibles. Y también es su mejor comedia de los últimos tiempos. Al menos en lo que a mí respecta, no me reía tanto con una película suya desde... uf, probablemente desde Un misterioso asesinato en Manhattan (1993). En el medio hubo chispazos, por supuesto, y algún viraje en su carrera que lo llevó a vivir y filmar en Europa, donde realizó dos de sus películas más celebradas de esta última época (Match Point, Vicky Cristina Barcelona). Pero con Whatever works recupera gran parte del encanto y la brillantez que lo convirtieron prácticamente en sinónimo de la comedia cinematográfica.

Larry David le habla a la cámara (o sea, a nosotros), y un niño que pasa por la calle le dice a su madre: "mamá, ese señor está hablando solo"... Y entonces recordamos algunos de los mejores momentos de algunas de sus mejores películas, en los que Allen apela a la complicidad con su público (que debe ser uno de los más fieles del mundo) forzando el límite entre la representación de la realidad y nuestras propias fantasías como espectadores. Como aquel en Annie Hall (1977) en que Alvy Singer (el propio Woody), atrapado en la cola de un cine junto a Diane Keaton, se exaspera por tener que escuchar la pedante exhibición intelectualoide del tipo que está atrás de ellos y se pone a hablarnos a nosotros (como hacía el personaje/actor de Jeff Daniels en La rosa púrpura del Cairo), y hasta introduce en la escena a Marshall McLuhan para taparle la boca a ese mismo tipo, exclamando: "si tan sólo la vida fuera así...".

Whatever works está llena de ese tipo de momentos geniales y divertidos, pero también de cierta humanidad en sus personajes que suele ser disfrazada de sarcasmo. Para decirlo sencillo, Boris es básicamente un buen tipo (solo un buen tipo acogería en su casa a una joven desconocida y desamparada, al menos sin la menor intención de levantarla, como es el caso) que, más allá de su evidente misantropía, termina aceptando que el género humano aún tiene esperanza. Whatever works (o Si la cosa funciona, en su traducción no del todo errada al español) es en definitiva una divertida y más bien absurda apelación al entendimiento y a la aceptación de los diferentes tipos de personas, relaciones y amores sobre los que se construye la experiencia humana.

Claro que, ante todo, la película es un verdadero show de Larry David. Gentileza de Woody Allen.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy
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