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El concierto

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Título Original: Le concert
País: Francia - Italia - Rumania - Bélgica - Rusia
Año: 2009
Género: Comedia dramática
Duración: 1h59'
Calificación: Todo público
Dirección: Radu Mihaileanu
Protagonistas: Alexeï Guskov - Dimitri Nazarov
Elenco: Mélanie Laurent - François Berléand - Miou-Miou

Treinta años atrás, en tiempos de la Unión Soviética, Andreï Filipov (Alexeï Guskov) era un prodigioso director de orquesta, conductor de la célebre Orquesta del Bolshoi de Moscú. Despedido en el auge de su fama por proteger a músicos judíos, hoy, a la edad de 50 años, continúa trabajando en el Bolshoi… pero haciendo la limpieza. Un día Andreï encuentra un fax con una invitación para que la orquesta se presente en el Théâtre du Châtelet de París, y se le ocurre una descabellada idea: reunir a sus viejos amigos, un ecléctico grupo de músicos empobrecidos y fuera de actividad, y viajar a Paris haciéndose pasar por la verdadera orquesta…

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Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Por su humor absurdo, su emotivo final y el encanto de sus personajes, El Concierto tiene todos los ingredientes para convertirse en la "feel-good-movie" del año.*

Pequeña orquesta reincidente

Tanto la premisa como los primeros minutos de esta película hacen temer una de esas inocentadas que, de tan ingenuas, es imposible tomarse en serio. Ni siquiera en una comedia. La empresa en la que decide embarcarse el protagonista, ya en los primeros minutos, es tan absurda y tan poco probable que sólo el encantamiento del espectador puede llevar el trámite a buen puerto. Y hay que decir que, por más que uno no pueda tomárselo todo en serio, lo logra. Precisamente porque la película no se toma tan en serio a sí misma, y ese es su principal mérito.

Del director Radu Mihaileanu (Bucarest, 1958) se vio hace unos años Ser digno de ser, un interesante drama acerca de la travesía vital de un refugiado etíope que era adoptado por una familia sefardí en Israel. Tanto en esa como en esta película pueden rastrearse algunos de los temas que más parecen interesarle a este rumano emigrado a Francia. El primero de ellos es precisamente el de la emigración; los personajes de El concierto no son exactamente exiliados (ni políticos ni económicos), pero pasan media película tratando de arreglárselas en un país distinto al suyo, y de hecho varios de ellos - si bien llegan a París con otra intención - intentan sobrevivir básicamente a través de los mismos, precarios oficios que realizaban en Moscú. El otro tema es el del judaísmo, como reafirmación de identidad y como condición de perseguido, algo que ya era tema de una de sus primeras y más premiadas películas, El tren de la vida (1998). Y en El concierto se agregaría un tema más, que es el de la denuncia de algunas injusticias y arbitrariedades de la era soviética.

En todos estos aspectos es muy fácil adivinar la identificación personal de Mihaileanu, que es hijo de un periodista judío y comunista, y que debió exiliarse en Francia siendo estudiante, durante el régimen de Ceausescu. Pero en su retrato de la Unión Soviética (antes y después de la caída del bloque socialista) hay menos denuncia al estilo de La vida de los otros (2006) y más nostalgia punzante como la que transmitía la estupenda Good bye Lenin! (2003). Eso se nota en particular en el cariño con que describe a viejos comunistas aún convencidos, como el falso gerente de la orquesta que hace Valeri Barinov, y también en el ridículo aunque inocente entusiasmo de una minúscula reunión de camaradas. Claro que El concierto no pretende ser un film político, sino apenas una comedia dramática (bastante alocada, hay que decirlo) que apela a ciertos apuntes sobre el pasado para explicar parte de las motivaciones del protagonista.

Y es en ese terreno de la comedia disparatada y grotesca que la película triunfa, evadiendo casi por completo el riesgo que apuntaba al comienzo. Por supuesto que la empresa de reunir a los viejos integrantes de una prestigiosa orquesta (todos caídos en desgracia y alejados de la música, al menos a nivel profesional, desde hace 30 años) es una locura improbable, pero a medida que uno va conociendo a los personajes - y encariñándose con ellos - va queriendo que todo, de alguna manera quizás milagrosa, salga bien. En todo ese itinerario colectivo hacia París hay algo del humor disparatado de Kusturica (Gato negro, gato blanco, La vida es un milagro), y no sólo por la intervención de una troupe de gitanos que da pie a una de las mejores escenas de la película (esa en el aeropuerto). Pero Mihaileanu no es tan radical ni excéntrico como Kusturica, se controla un poco más y sobre todo filma de manera un poco más convencional, más digerible para todo público. En todo caso, su modelo es más el de la comedia social británica que tuvo un momento de éxito en los '90 (Todo o nada, Tocando el viento), y en la que un grupo de individuos intenta por todos los medios recuperar su dignidad (ya sea conservando su fuente de trabajo o recuperándola a cualquier precio).

Es en el manejo de ese humor, por momentos extremadamente absurdo (¡como en la boda mafiosa!) que el director exhibe su mejor pulso narrativo; cuando se vuelca hacia el melodrama, como en el tramo justo antes del clímax, no convence demasiado, sobre todo porque le exige a sus personajes un compromiso emocional con eventos apenas presentados (tanto ante ellos como ante el espectador), y esto es particularmente notorio en el caso de la violinista que interpreta Mélanie Laurent (a quien vimos como administradora del cine en Bastardos sin gloria). Pero algo debe haber hecho bien Mihaileanu, porque el final es emotivo y no sólo debido a la brillante ejecución (tanto sonora como cinematográfica) de ese esperado concierto de Tchaikovsky.

Sólo por ese final y por el encanto de sus personajes (¡ese gordo Sasha!), El Concierto tiene todos los ingredientes para convertirse en la "feel-good-movie" del año.

* Literalmente: "película para sentirse bien".


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy
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