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Reus

Recomendada
Título Original: Reus
País: Uruguay - Brasil
Año: 2011
Género: Drama-Policial
Duración: 1h30'
Calificación: +15 años
Dirección: Eduardo Piñero -Pablo Fernández -Alejandro Pi
Protagonistas: Camilo Parodi - Alberto Acosta
Elenco: Walter Etchandy - Micaela Gatti - Mauricio Navarro - Flavio González

Reus es la historia de un barrio, de dos familias y de sus códigos de convivencia. Es también una suerte de policial uruguayo, en el que el “Tano” (Camilo Parodi) regresa a su barrio después de pasar un tiempo en la cárcel. Pero las cosas ya no son las mismas: una nueva droga, la pasta base, ha llegado a las calles y los códigos delictivos están cambiando rápidamente. Mientras se enfrenta a esta nueva realidad, el “Tano” planea un golpe contra Don Elías (Walter Etchandy), el poderoso comerciante judío que lo envió tras las rejas.

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Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: Un "policial de barrio" que - más allá de algunas inconsistencias - tiene sus valores, contribuye a diversificar un poco más el cine uruguayo, y funciona sobre todo como radiografía de un Montevideo actual socialmente fragmentado, visto desde dos perspectivas muy diferentes.

Sin contemplaciones

Hay dos maneras de pararse frente a una película como Reus. Una es considerarla como una producción oportunista, que apela a una serie de temas "de moda" en la actualidad uruguaya (inseguridad pública, menores infractores, pasta base, corrupción policial, cobertura sensacionalista de los medios de comunicación) para tratar de pegar otro taquillazo nacional (dos de las películas más vistas en la historia del cine uruguayo fueron En la puta vida y El viñedo, que también abordaban algunos de esos temas). La otra es valorarla como un intento, por parte de gente joven, de hacer una película de género con los pies en una realidad montevideana actual que golpea los ojos.

Aunque la publicidad de esta película diga lo contrario, no es la primera vez que el cine uruguayo se mete con un género tan específico y tan difícil (a la hora de evitar los clichés y la mera imitación de fórmulas trilladas hasta el hartazgo) como el policial o el thriller (una definición un poco más amplia y acertada, ya que no necesariamente tiene que haber policías o actos delictivos para definir una película como tal, por más que así sea en este caso). Por allá por 1992, otro grupo de gente joven (el Grupo Hacedor) presentaba Vida rápida, un valioso si bien irregular mediometraje filmado en video con bajísimo presupuesto, que contaba la historia de un joven marginal sumergido en las drogas, la prostitución y el delito como forma de sobrevivir en una Montevideo sórdida e indiferente. Más adelante, Esteban Schroeder proponía en El viñedo la recreación de un caso policial verídico (el del asesinato de un adolescente por parte del dueño de un establecimiento vitivinícola, por robar uvas) para luego insistir con el género a través del caso Berríos en Matar a todos (2008), ya con connotaciones políticas y judiciales vinculadas a algunos resabios de la dictadura.

De manera que el despliegue de policías y ladrones y el coqueteo con las escenas de acción y violencia siempre han sido una tentación para los realizadores uruguayos. En ese sentido Reus no sólo no es una excepción sino que esa es prácticamente su principal razón de ser. Pero no la única.

La intención explícita de los realizadores (Eduardo Piñero, Pablo Fernández y Alejandro Pi, los tres debutantes en el largo) fue la de hacer un "policial de barrio" sin ocultar sus intenciones comerciales, en especial las de atraer a un público que no suele ir al cine, y mucho menos a ver cine uruguayo. Y claramente la movida publicitaria ha apuntado más a hacer partícipes del estreno a su público objetivo, a través de graffitis callejeros y de un involucramiento de la gente del propio barrio Reus ya desde la etapa de rodaje. Si la movida va a rendir sus frutos en las boleterías es algo que está por verse, pero lo cierto es que sería injusto - con la propia película y con el público - estigmatizar a Reus como una suerte de "policial plancha" o "película para público sin cultura cinematográfica". La película está ahí, tiene sus valores, y ojalá la vea un público lo más diverso posible. Entre otras cosas porque contribuye a diversificar un poco más el cine uruguayo, y eso es siempre positivo.

Lo cierto es que, habiéndolo pretendido o no, Reus termina resultando de algún modo un puente entre dos culturas, dos realidades, dos formas de vida, dos Montevideos separados por apenas unos kilómetros. O al menos un intento por ponerlos a dialogar, aunque más no sea como discursos paralelos dentro de un mismo relato. Porque Reus no será gran cine (hay demasiada apelación a ciertos clichés, no sólo de los ambientes que retrata sino del género en que se inscribe; algunas inconsistencias narrativas; y un nivel actoral que va de lo correcto a lo sobreactuado, con cierta tendencia hacia esto último en algunos personajes clave) pero sí funciona como radiografía de una situación actual que suele alimentar demasiados prejuicios, demasiados enfrentamientos y muy poco debate real, tanto en el boliche como en los medios de comunicación. Y esa situación es la creciente fragmentación social de esta Montevideo clasista, marginal y discriminadora. Una Montevideo en la que conviven universos tan diferentes como el Pocitos costero y acomodado de Don Elías y el Reus popular, callejero y vividor del Tano y su banda (inspirada en los temidos Tumanes). Una Montevideo en la que se empeñan por sobrevivir algunas tradiciones (sociales, culturales, religiosas) mientras se instalan otras por la fuerza, la inacción o la indiferencia (como la pobreza, la droga y la corrupción). Y en la que, por supuesto, siguen habitando con total impunidad (como lo establece la ley 15.848) elementos que, bajo la excusa de la "mano dura", siguen ejerciendo métodos represivos propios de otros tiempos (hay una escena de tortura que está entre lo más inquietante de la película, por las connotaciones que tiene precisamente en torno a la impunidad y el combate a la inseguridad a cualquier precio).

Desde ese punto de vista, la película no pretende ser (ni lo logra) una radiografía completa, exhaustiva, ni siquiera "realista" (se trata, por más que tenga un pie bien metido en la realidad, de un relato de ficción). Pero como mirada a fenómenos sociológicos más o menos recientes resulta por lo menos atendible, sobre todo de cara a un futuro incierto, representado por ese niño que salta por las azoteas sin contención familiar a la vista, y habiendo crecido imitando los códigos y las conductas de una banda de ladrones que son su familia, sus referentes.

Lo otro que puede resultar polémico, o por lo menos llamativo, es que la película se ponga afectivamente del lado de esos delincuentes. Si bien el protagonismo está repartido entre las dos familias, es evidente que la simpatía está dirigida hacia la del Tano, con su carácter de comunidad marginal, sentido de la diversión y complicidad emotiva con sus personajes, sobre todo hacia el desenlace. Por el otro lado, Don Elías es el comerciante acomodado, frío y calculador que, al tiempo que deja de lado los preparativos para la Bar Mitzvah de su hijo, echa mano a recursos oscuros para combatir la inseguridad, desatando con su accionar un final trágico. Esto puede tener que ver tanto con una razón comercial, si se quiere demagógica (hacer más queribles a los personajes con los que fácilmente podrán identificarse aquellos a quienes estuvo dirigida la campaña promocional de la película) como con una toma de posición política: ponerse del lado de los pobres, de los desprotegidos frente al poder y la autoridad, de los marginados sociales y culturales aún cuando recurran al delito como forma de subsistencia.

Pero Reus no pretende ser un film de tesis sino de género. Y como tal, si bien está lejos de emular el cine de quienes sus realizadores han citado como referentes (los estadounidenses Martin Scorsese y Francis Ford Coppola, y quien debe ser el mejor director de cine de género en el Río de la Plata, Israel Adrián Caetano) al menos no cae en el error de imitar - al menos no deliberadamente - alguna obra particular de alguno de esos maestros. Es posible, claro, rastrear influencias lejanas en Calles peligrosas (Scorsese, 1973) o un poco más cercanas en Un oso rojo (Caetano, 2002), pero Reus cuenta en sus propios términos una historia propia, que al mismo tiempo son varias historias: la de un delincuente que sale de prisión e intenta recuperar su poder en el barrio, amenazado por nuevos códigos delictivos; la de su rivalidad con un comerciante que pudo haberlo traicionado en el pasado (y que fue quien lo envió a la cárcel); la de dos familias antagónicas condenadas a no poder encontrarse, a no poder dialogar, a cuidarse la una de la otra; la de dos Montevideos antagónicos condenados a no poder encontrarse, a no poder dialogar, a cuidarse el uno del otro...

Hay una frase que resuena al final del tráiler y casi al final de la película: "Tu barrio... ¿te gusta cómo está quedando?" Es una pregunta que no llega a tener respuesta, porque antes que se produzca un verdadero diálogo se impone la acción, la violencia, la mano dura. La solución final, digamos, sin contemplaciones.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy
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