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En un rincón del corazón

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Título Original: Somewhere
País: Estados Unidos
Año: 2010
Género: Drama
Duración: 1h37'
Calificación: Todo público
Dirección: Sofia Coppola
Protagonistas: Stephen Dorff - Elle Fanning
Elenco: Chris Pontius - Michelle Monaghan

¿Perdidos en Tokio 2? No exactamente, pero hay mucho de aquella anterior (e inolvidable) película de Sofia Coppola en este drama intimista sobre un joven actor de Hollywood (Stephen Dorff) que vive un momento de crisis en su vida y en su carrera. En medio de sus devaneos, mientras reside en el Hotel Chateau Marmont de Los Ángeles, aparece de visita su hija de 11 años (Elle Fanning); los días que pasarán juntos lo llevarán a replantearse su estilo de vida.

Comentario de Cartelera.com.uy

En pocas palabras...: En principio atractiva e interesante, finalmente resulta previsible y carente de emoción, y perdiendo ante la inevitable comparación con Perdidos en Tokio (la mejor película de Sofia Coppola hasta la fecha, con la que tiene demasiadas cosas en común). Buena labor de Stephen Dorff.

Perdidos en Los Ángeles

"Yo estaba viviendo en París después de María Antonieta y pensando sobre qué quería escribir a continuación, cuando comencé el guión de Somewhere. Se me vino a la mente esta idea sobre un actor de Los Ángeles, y cuando un amigo vino de visita y trajo una revista de Estados Unidos me hizo pensar en hacer algo acerca de L.A. hoy. Me encantan las películas como Shampoo o American Gigolo que capturaban Los Ángeles, y quise intentar hacer eso esta vez."

Esto es parte de la fundamentación que Sofia Coppola escribió en la introducción del sitio web de Somewhere, su cuarta película. Aunque no lo aclara, es probable que en París estuviera viviendo en un hotel y tal vez esto le dio la idea de un actor que reside en otro hotel, que es por definición un lugar de paso. Sin embargo Johnny Marco parece sentirse cómodo en el Chateau Marmont (un hotel clásico de Los Ángeles), lugar que sólo parece abandonar para conducir su Ferrari, visitar alguna amante, atender algún compromiso de la industria o salir a pasear con su hija Cleo, de 11 años, que ha llegado imprevistamente de visita.

Pero pronto se verá que esa es una incomodidad falsa, porque Johnny Marco (al igual que el Bob Harris de Perdidos en Tokio) no está feliz con su carrera, ni con su vida. Aún siendo más joven que el personaje que encarnaba Bill Murray en aquel brillante antecedente, y estando separado de su esposa y de su hija, a la que ve esporádicamente, Johnny vive algo así como una crisis de mediana edad pero en un contexto totalmente diferente. Si la crisis de Bob se acrecentaba en medio de la extrañeza y el distanciamiento de la capital japonesa, la de Johnny parece más penosa, más insalvable, porque sucede en la propia ciudad en la que vive y en la que trabaja, y en la que están sus pocos afectos y también sus defectos, sus vicios, su modo de vida. O sea, Bob podía volver de Tokio siendo otro; Johnny sólo podría ser otro alejándose...

Sofia también dice que, luego de María Antonieta, quiso hacer una película desde el punto de vista masculino. Y si bien vemos el mundo (o por lo menos Los Ángeles) a través de los ojos de Johnny, lo cierto es que tiene mucho peso la presencia y la mirada de Cleo sobre su padre. Hay detalles muy lindos y muy sinceros en el vínculo entre Johnny y Cleo, que es -al igual que la de Bob y Charlotte en Perdidos en Tokio- una historia de amor no convencional. Y aquí es casi imposible no reconocer algún aspecto autobiográfico o por lo menos auto referencial de la propia Sofia, que creció a la sombra de un padre famoso y admirado pero también frecuentemente ausente. No debe ser fácil ser hija de una estrella, ya se trate de un actor de segunda categoría o del director de El Padrino...

Todo esto, sumado a ese estado de suspensión de la realidad - o de ensoñación - en que parece transcurrir la película dentro y fuera del Chateau Marmont, parecía territorio muy interesante de explorar de la mano de una cineasta tan sutil y fascinante como Coppola. Y más si le ofrecía una oportunidad de lucimiento a un actor talentoso pero desaprovechado como Stephen Dorff, quien realmente está muy bien. Hay de hecho un par de momentos de una angustia palpable, casi subjetiva, como ese en que Johnny asiste a una sesión en la que lo cubren (literalmente) de maquillaje y lo dejan allí, en el más absoluto silencio y soledad. Pero hay dos aspectos que alejan emocionalmente al espectador más allá de los valores de la película, produciendo un efecto negativo que puede ir desde el aburrimiento hasta el rechazo.

El primero de ellos es lo que podríamos llamar "síndrome del cineasta independiente"; si por algo se había caracterizado hasta ahora el cine de Sofia Coppola era por una libertad creativa que nunca dejaba de lado la contundencia narrativa. Para expresarlo en pocas palabras: sus películas siempre tenían algo interesante para decir y nada parecía estar de más (esto quizás sea discutible para el caso de María Antonieta, que bien podría haber sido un primer paso hacia lo que ahora se confirma en Somewhere). En cambio esta vez, con el fin de subrayar la vacuidad vital del protagonista, abusa de situaciones que se reiteran y de escenas que se estiran más allá de lo necesario (ver sino el comienzo, con el Ferrari dando vueltas una y otra vez, o los dos bailes de las mellizas en la habitación de Johnny). De esa manera, la película cae en algunos de los lugares comunes de gran parte de ese cine independiente norteamericano, latinoamericano o de cualquier origen que, en un intento por ser personal o autoral, narra quizás forzadamente a contrapelo de los cánones de la industrial (del cine que llena las salas, digamos). Si me preguntan, yo sigo prefiriendo 10 películas de Sofia Coppola, aún con esos vicios, a media película convencional de Hollywood, pero eso no me inhibe de cuestionarle algunas cosas.

Lo cual nos lleva al segundo aspecto (y tal vez el más irritante): consciente o no, Sofia Coppola ha hecho algo así como una nueva Perdidos en Tokio, llena de similitudes con aquella película y no sólo por los datos más obvios de que el protagonista también es un actor en crisis y que gran parte de la historia transcurre en un hotel. Y para comprobarlo, lo que sigue es una lista (acotada) de algunas de esas similitudes en plan "descubra las diferencias" (las 18 diferencias, en este caso).

¡Ojo que hay spoilers!

1) Bob está tomando algo, solo, en el bar del hotel, y dos jóvenes estadounidenses lo reconocen ("¿Es él?" "Si, creo que es el...").
Johnny está tomando algo, solo, en el bar del hotel, y dos chicas estadounidenses lo reconocen ("¿Es él?" "Si, creo que es el...").

2) A Bob Harris le mandan una prostituta japonesa al hotel, el no quiere saber nada al respecto y terminan revolcados por el piso cuando Bob intenta frenar el patético número erótico de la mujer.
Johnny se contrata un show privado de bailarinas eróticas en la habitación de su hotel, y se queda dormido.

3) Ante la pregunta de un admirador, Bob afirma que él hace la mayoría de sus escenas de riesgo.
Johnny también.

4) Bob recibe constantes faxes de su mujer atormentándolo con detalles de una reforma hogareña de la que quiere hacerlo partícipe.
Johnny recibe constantes mensajes de texto en su celular de una persona anónima (probablemente una ex amante despechada) que lo insulta.

5) Hay una asistente japonesa que pasa a buscar a Bob cada mañana para llevarlo a todos sus compromisos.
Hay una asistente estadounidense que llama a Bob cada día para recordarle cuáles son sus compromisos.

6) Bob asiste a una sesión de fotos para la campaña del whisky que está promocionando en Tokio.
Johnny asiste a una sesión de fotos para la promoción de la película que está estrenando en Hollywood.

7) En Perdidos en Tokio, Anna Faris interpreta a una actriz boluda que responde con mucho ánimo las preguntas que se le hacen en una conferencia de prensa en Japón.
En Somewhere, Johnny responde con pocas ganas a las preguntas boludas que le hacen en una conferencia de prensa en Los Ángeles.

8) Bob habla por teléfono varias veces con su mujer, de la que se siente distanciado.
Johnny habla por teléfono varias veces con su ex mujer, de la que está separado.

9) Bob y Charlotte se divierten en una sesión nocturna de karaoke con amigos japoneses.
Johnny y Cloe se divierten con un juego de video musical (en lugar de cantar, tocan guitarras) junto a un amigo de Johnny.

10) Bob y Charlotte usan la piscina del hotel; en una escena Bob se sumerge y ve bajo el agua a unas señoras haciendo ejercicios acuáticos.
Johnny y Cloe usan la piscina/jacuzzi del hotel; en una escena ambos se sumergen y simulan tomar el té bajo el agua.

11) Bob y Charlotte beben sake en la cama mientras miran tele (doblada al japonés).
Johnny y Cloe toman helado en la cama mientras miran tele (doblada al italiano).

12) El conductor de un show televisivo presenta a Bob y le hace decir cosas en japonés, idioma que Bob no habla ni entiende.
Una reportera televisiva en Milán entrevista a Johnny y le hace decir cosas en italiano, idioma que Johnny apenas habla y entiende.

13) Bob se acuesta con la cantante del bar del hotel, y a la mañana siguiente le golpea la puerta Charlotte para invitarlo a almorzar.
Johnny se acuesta con una vecina de habitación del hotel, y cuando sale se encuentra con Cloe esperándolo en el pasillo.

14) En el almuerzo después de saber que estuvo con otra mujer, Charlotte mira a Bob con desaprobación.
En el desayuno después de saber que pasó la noche con una mujer, Cloe mira a su padre con desaprobación.

15) Antes de irse del hotel, una mujer rubia se acerca a saludar a Bob y el no le da bola.
Antes de irse del hotel, una mujer rubia se acerca a hablar con Johnny y él pasa la noche con ella.

16) En la despedida, Bob le dice algo en el oído a Charlotte que no llegamos a escuchar.
En la despedida, Johnny le dice algo a Cloe que ella no llega a escuchar.

17) Al final, el auto que lleva a Bob avanza por una avenida rumbo al aeropuerto de Tokio.
Al final, el auto de Johnny avanza por una autopista hacia las afueras de Los Ángeles.

18) Perdidos en Tokio es una película bellísima, graciosa, emotiva. Como esos amores a primera vista que se tendrán para toda la vida.
Somewhere es una película atractiva pero previsible y carente de emoción, nada memorable. Como un show de bailarinas eróticas en medio del cual quedarse dormido.


Por Enrique Buchichio para Cartelera.com.uy
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